La sincera reivindicación de la publicidad con el género femenino.

EMientras buscaba información para complementar este artículo, me saltaban anuncios por el Día de la Mujer y el imperdible descuento en maquillaje solo por este día. Entré un rato a las historias de Instagram, y pasó lo mismo, más anuncios diciéndome que consiga un producto en específico para pasar un espectacular “hashtag” 8M.


Empoderamiento femenino publicitario. ¿Cómo se come? ¿Existe? Sí, incluso se acuñó un término para ello, fem


vertising (o debería escribirlo con un hashtag). Hace menos de una década, las marcas decidieron que sería buena idea comprar y hacer suyos los valores y principios del movimiento que empodera a las mujeres. Cabe resaltar que este existe hace más de 100 años (y no desde el 2014, como lo es para algunas marcas).


Pero no pongamos a todas en un solo saco y las echemos al abismo, hay una parte positiva y rescatable en todo esto. Al estar en el ojo de las masas, obtiene mayor visibilidad y mayor peso en una sociedad que sigue arrastrando conductas y pensamientos que ya no son válidos en la actualidad.


Bien, entonces ¿Qué hay de malo en que la publicidad se involucre con este movimiento? Pues hay una gran diferencia entre simplemente impulsar una campaña publicitaria con la esperanza de que se vuelva viral generando ventas y, comunicar un mensaje que proponga la forma de pensar y la postura de una marca, empresa, etc. de la manera más creativa y respetuosa posible.


Del dicho al hecho


Cuando las mujeres aparecíamos en spots de televisión o publicidad impresa, éramos retratadas como una observadora pasiva frente a las actividades divertidas que realizaban los hombres, como una mamá que su único objetivo en la vida era que la camisa blanca de su esposo este correctamente lavada con fresco aroma a lavanda o como un accesorio de la figura masculina ¿Hace falta mencionar los spots de cervezas de hace unos años?

¿Dónde están esas marcas que proclamaban descaradamente la superioridad del hombre? Cambiaron. ¿En serio? Sí, cambiaron.


¿Le vas a creer a una marca que, por años, ha reforzado el estereotipo femenino de inferioridad? Todos tenemos derecho a retractarnos, a saber que nos equivocamos y a volver a la carrera creativa siendo conscientes de lo que estamos comunicando.


Cambiamos como cambia la sociedad, sus normas, su ética, sus valores. No tratamos de ser los héroes transformadores de cambio en la sociedad, porque no es nuestro rol. Pero, reconozcamos que en el pasado cometimos el error de reforzar conductas que minimizaban a las mujeres en nuestros guiones, copys, fotografías, ediciones, etc.


Seamos mucho más que solo empáticos y tomemos conciencia de nuestras acciones porque empatía es ponerte en los zapatos del otro y la conciencia es saber por qué estás en esos zapatos y que cambios puedes hacer desde tu posición para contrarrestar los efectos negativos de esta problemática.




Arriesgarse al cambio no significa realizar una producción en la cual Gladys Tejeda sea la protagonista por unas semanas pero que pasemos por alto la brecha salarial y discriminación dentro de nuestras oficinas. Las compañías que se arriesgan tienen que ser consistentes porque de eso se trata tener una postura y defenderla hasta el final. Queremos marcas que demuestren en todos sus espacios coherencia y sentido con lo que comunican. Queremos seguir viendo a Pilsen con “Yo Nunca”, a Cristal con “Rompamos Etiquetas” a Banco Falabella con “Mujeres Presentes” y que los mantengan en el tiempo.


Camila Gilbonio Matamet, Copywriter en Bistro Comunica.


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